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miércoles, 19 de abril de 2017

La lucha contra el totalitarismo: de la depresión a la esperanza; por Wolfgang Gil Lugo

“Nuestra integridad vale tan poco, pero es todo cuanto realmente tenemos;
es el último centímetro que nos queda de nosotros. Si salvaguardamos ese centímetro,
somos libres”. V de Vendetta
Sartre afirmaba que “el hombre nace libre, responsable y sin excusas”. Si esto es verdad, la libertad debería ser un derecho congénito. No obstante, los hombres pueden ser libres por derecho aunque de hecho sean esclavos. Lo que coincide con la idea de Rousseau que sostiene que “el hombre ha nacido libre y por doquiera se encuentra sujeto con cadenas”.
El personaje Gregorio Samsa de La Metamorfosis de Kafka se convierte en insecto, metáfora de una vida inferior a la humana, de una existencia que ha perdido el control sobre sí misma. Con su literatura claustrofóbica, Kafka describe la naturaleza opresiva de una sociedad autoritaria y burocrática, una maquinaria institucional abrumadora que arrebata el significado a la vida humana.
La mayor dictadura no es la que se impone solo por la fuerza, sino la que logra instalarse en nuestras almas. Vivir en dictadura nos condena vivir en miedo y la mayor tiranía es la que debilita nuestra voluntad. Es por ello que el propósito de los opresores consiste en despojar de valor a los ciudadanos y establecer la sumisión. Si el miedo produce frustración e impotencia, la opresión genera un estado de ánimo depresivo.
Sin embargo, no está todo perdido. Según Eric G. Wilson, en su libro Contra la felicidad, en defensa de la melancolía, podemos extraer sabiduría en la pesadumbre. La tristeza es un derecho que la humanidad adquirió al mismo tiempo que la felicidad. Esa melancolía de la que habla Wilson ha sido fuente de inspiración para todas las artes desde el inicio de los tiempos. ¿Qué es si no la catarsis descrita por Aristóteles como purificación emocional, mental y espiritual?
Orwell y la desesperanza
George Orwell (1903-1950), quien se ha vuelto muy popular últimamente en virtud de la emergencia del concepto de posverdad, denunció valientemente el totalitarismo. Su novela Rebelión en la Granja (1945), una pieza maestra de la sátira política, caricaturiza al estalinismo en registro de fábula y predice su eventual caída. Cuatro años después publica 1984 (1949), novela donde no hace uso de la sátira ni de la fábula, sino que describe con rasgos oscuros el totalitarismo en un registro de ciencia ficción distópica. Al regresar al tema del estalinismo, culmina con una visión pesimista frente a la dictadura del Partido.
El argumento de 1984, parte del supuesto de que para los totalitarismos “el poder no es un medio sino un fin”. No se obtiene el poder para servir al pueblo, sino para obtener los beneficios del sometimiento de la población. El comunismo es un régimen de dominación en nombre de la libertad de la clase obrera, por tanto no es la utopía del bienestar de los proletarios, sino por el contrario la servidumbre de los trabajadores subordinados a sus dirigentes. Para la época en que Orwell publica 1984, ya había participado en la guerra civil española y visto el ascenso y la caída del nazismo. La Unión Soviética había salido triunfante de la Segunda Guerra Mundial, por lo cual era de esperar que su existencia se prolongase en el tiempo y su influencia se expandiese por toda la superficie del planeta. Las democracias occidentales no parecían lo suficientemente fuertes para resistir el embate de la expansión de esta ideología.
Orwell describe, en 1984, una “sociedad cerrada” (Poper), vigilada por el Gran Hermano y la Policía del pensamiento. El Partido tiene el monopolio de la verdad: “la historia era un palimpsesto borrado y reescrito cuantas veces fuese necesario”. En consecuencia, el Partido redefine una y otra vez lo que se debe tener por realidad.
Winston, el protagonista, es un funcionario menor en el Ministerio de la Verdad, encargado de modificar los registros históricos. Los escrúpulos morales hacen que se rebele y en secreto intente fijar la verdad histórica en su memoria. Esta rebelión interna lo hace tomar conciencia de sí mismo y distanciarse de manera crítica del aparato político.
Un momento decisivo en la novela es su encuentro con Julia, una compañera del Ministerio de la Verdad con quien comparte la aversión por el régimen y, posteriormente, su amor. Con ella consolida el propósito de “construir un mundo secreto donde podría elegir su propia vida”. Ambos hacen contacto con la resistencia para sumarse a la lucha contra la dictadura, sin saber que ésta es una trampa del propio Partido para atrapar a los espíritus indóciles.
Las dictaduras tradicionales se conforman con el poder diferenciándose del totalitarismo, que además exige fidelidad a un ideal compartido de un absoluto sometimiento al Estado. Aparte de los cuerpos, demanda la total rendición de las almas.
Winston y Julia son hechos prisioneros en la cárcel del Ministerio del Amor, donde sufren tortura física y mental. A pesar de su resistencia interna, son doblegados por el tormento y terminan por renunciar a su dignidad. Al quedar roto su espíritu, regresan a su vida ordinaria como espectros de sí mismos, renunciando para siempre al amor y la esperanza. Avergonzados, su romance se hace imposible. Es el triunfo del totalitarismo en el alma de Winston: el personaje deviene en insecto kafkiano.
El desenlace de 1984 es pesimista, y nos hace pensar que no hay salida. Orwell describe un cuadro amargo y desesperado, con la probable intención de despertar nuestra conciencia. De manera paradójica, la clave para entender esa conclusión fatalista nos la brinda Kafka, poeta del derrotismo metafísico: «Si el libro que leemos no nos despierta de un puñetazo en el cráneo, ¿para qué leerlo?» (Carta, dirigida a su amigo Oskar Pollak, del 27 de enero de 1904).
Havel y la esperanza
Praga es el lugar de nacimiento de Vaclav Havel, personaje clave en el camino de la libertad de su pueblo. Havel fue un dramaturgo, combatiente por los derechos humanos. Le tocó la suerte histórica de ser el último presidente de Checoeslovaquia y el primero de la Republica Checa. Murió el 18 de diciembre del 2011, después de haber logrado la transición del totalitarismo a la democracia.
Al arribo de la “Primavera de Praga” en 1968, ya era un autor de prestigio. Apoyó las reformas de Alexander Dubcek, presidente de Checoslovaquia para ese entonces, que provocaron la invasión soviética en agosto de ese año. Havel se opuso públicamente a la ocupación, y como castigo, las autoridades prohibieron sus obras.
Debido, a la defensa de los derechos humanos a lo largo de la década del setenta, Havel fue hostigado y encarcelado en sucesivas ocasiones.
El régimen comunista de Checoeslovaquia incumplió una serie de compromisos que había adquirido al ratificar la Declaración de la ONU sobre Derechos Humanos el año 1976. Ese hecho dio lugar al movimiento “Carta 77” en 1979, en el que Havel fue uno de sus fundadores. Como consecuencia, las autoridades lo acusaron de sedición y fue condenado a prisión ese mismo año.
Al ser liberado en 1984, continuó sus actividades políticas opositoras. En 1989, debido al gran prestigio que había adquirido, fue elegido líder del grupo opositor “Foro Cívico”, que se convertirá en el principal partido político de la transición checoslovaca a la democracia,
A partir de la Perestroika y el Glasnost en la URSS, los regímenes comunistas de los países satélites del bloque soviético entraron en crisis y comenzaron a caer. En septiembre de 1989, como consecuencia de la “Revolución de Terciopelo”, le tocó el turno al régimen comunista checoslovaco, hecho que condujo a la elección como presidente de Havel. El nuevo líder de la nación tenía como objetivo devolver a sus compatriotas el control de sus vidas. La libertad era eso: la posibilidad de tomar decisiones sin coerción ni miedo. Al igual que Hannah Arendt, Havel pensó que no se podía permitir que el mundo repitiera los horrores del totalitarismo.
El poder de los sin poder
La “Revolución de Terciopelo”, estuvo inspirada en un libro filosófico que Havel escribió con el sugestivo título: El poder de los sin poder (1978), donde estudia la naturaleza intrínseca del totalitarismo para entrever las posibilidades de una rebelión contra el mismo.
El argumento del libro es ilustrado por Havel con un ejemplo. Se trata de un ciudadano común, el director de una humilde tienda de verduras, quien pone en el escaparate, entre las cebollas y zanahorias, el eslogan: «¡Proletarios de todo el mundo, uníos!» (Cap. 3). El tendero no sabe que es cómplice de su propia opresión, víctima de la función originaria de la ideología, la de servir de coartada, la de brindar “la ilusión de estar en consonancia con el orden humano y el del universo” (Cap. 3). Hasta que un buen día, nuestro hombre sufre una crisis y se harta de la manipulación ideológica.
Un impulso visceral lo empuja a rechazar la falsedad en la que ha estado comprometido. “Deja de ir a votar en elecciones que no son elecciones; comienza a decir en las asambleas lo que piensa de verdad y encuentra en sí la fuerza para solidarizarse con quienes su conciencia le lleva a hacerlo.” (Cap. 7). De alguna manera, nuestro verdulero se ha hecho libre pues ha decidido luchar contra la opresión. Como decía Carlos Fuentes: “No existe la libertad, sino la búsqueda de la libertad, y esa búsqueda es la que nos hace libres”.
A veces, la lucha da resultados felices. Así ocurrió en el caso de la Republica Checa. Fue un trayecto difícil, pero triunfó la democracia gracias a que Havel, un escritor sin experiencia política, se reveló como gran estadista. Y fue posible porque aprendió de su propia experiencia como marginado político, aun cuando dicha experiencia no dejó en él resentimiento; por el contario, pudo transformarla en una acción basada en los valores y principios.
La recuperación del poder
El miedo puede convertimos en insectos, conducirnos a un estado de desesperación y frustración. El desafío está en crecernos ante la situación. Recuperar la dignidad perdida, y comenzar a luchar, es decir, ampliar la conciencia.
A pesar de que Havel describe un régimen que es tan opresivo como el de 1984, demostró que se le puede hacer frente con el desarrollo de la conciencia, lo cual implica el aprender de los errores, de las derrotas, y de ahí extraer la paciencia y la claridad de objetivos, inspirados en la rectitud de principios.
¿Quiénes pueden ser los “sin poder”? Los insectos kafkianos. ¿Y en qué consiste su poder? En la posibilidad de dejar de “vivir en la mentira”, la esperanza de recuperar la dignidad y la libertad interna; en otras palabras, en perder el miedo.
La historia de la película V de Vendetta (James McTeigue, 2005) se desarrolla en una Gran Bretaña futurista gobernada por un régimen fascista. Una sociedad distópica como la de 1984. Un luchador por la libertad, solo conocido como V, se enfrenta al régimen totalitario. En su gesta libertaria, conoce a la joven Evey (Natalie Portman), quien se hace su amiga y aliada. Al comienzo, Evey se muestra temerosa. Le confiesa a V: “Lo siento, no soy una persona fuerte. Ojalá no tuviera miedo todo el tiempo, pero lo tengo”. Después de eso es atrapada y confinada en una celda de la policía secreta en la que es torturada para que revele el escondite de V. Evey resiste de forma heroica. Pero al cabo de un tiempo, descubre que todo ha sido un montaje de V para enseñarle a desprenderse del miedo.
A pesar del disgusto que siente por haber sido engañada por V, Evey tiene que reconocer que ha vencido sus temores. La lección de V es que el dolor puede conducir a la liberación del miedo. Como consecuencia, los sin poder pueden perseguir sus objetivos convertidos en legión, tomando fuerza del otro, hasta lograr convertirse en un contingente invencible.

sábado, 15 de abril de 2017

"Hacia donde Vamos*

*Hacia donde Vamos*

Mi País esta convulsionado,  *está dispuesto a sacudirse las cadenas que lo oprimen.*  Los venezolanos, finalmente *hemos perdido el miedo a la Dictadura.*

En cada chat donde me encuentro, leo  el debate que se da sobre *Henry Falcón.*  En estos momentos histórico de la lucha por la Reconquista de la Libertad, veo que las baterías no se están descargando contra la Dictadura; por el contrario,  observo con angustia y un dejo de frustración,  como todas las baterías van dirigidas hacia una misma dirección: la destrucción de Henry Falcón

*Claro, esta no es la primera vez que esto sucede.*  Recuerdo que *los primeros condenados al paredón de fusilamiento* fueron Henrique *Capriles,*  Raúl *Baduel,* Felipe *Mujica,*  Manuel *Rosales.* Hoy le tocó el turno a *Henry Falcón.*

Partidos Politicos como *Voluntad Popular,  AD,  Primero Justicia,  MAS,  Vente Venezuela,  COPEI,  Avanzada Progresita, UNT,  Bandera Roja y  Alianza Bravo Pueblo* han vivido en carne propia el linchamiento ciudadano:  *Unos, Acusados de Radicales*  y otros, *Acusados de Colaboracionistas.*

Mi angustia hoy, radica fundamentalmente en el momento histórico que estamos viviendo y el objetivo que tenemos que lograr: *derrotar al Dictador;* sin embargo, *en voz baja y temblorosa me pregunto,  ¿cuándo serán Crucificados Ramos Allup,  María Corina,  Leopoldo López,  Gaby Arellano,  Carlos Paparoni,  Daniel Ceballos,  William Dávila,  Andrés Velásquez,  Lilian Tintori,  Antonio Ledezma, Freddy Guevara y Juan Requesens,*  entre otros tantos venezolanos que de una u otra forma luchan contra la dictadura?. Y con ello, lograr contrariamente fortalecer al dictador  *Nicolás Maduro quien rápidamente acude al Príncipe Maquiavelo* y hace suya una de sus mejores frases: *Divide y Vencerás.*

En tiempos de Semana Santa, solo me queda susurrar: *que lance la primera piedra el que esté libre de culpas y pecados.*

Hoy Venezuela Exige y Reclama,  *¡¡SI,  Reclama!!,*  la unidad y la incorporación de todos,  *inclusive de aquellos que seguramente mañana, se atreverán a romper con la dictadura solo por el hecho de saber, que el régimen esta llegando a su final.*


*Prof.  LAURA  LUCIANI  TORO*
    *Universidad de Los Andes*

jueves, 13 de abril de 2017

Entrevista completa a Manuel Rosales en Apunto con Juan Carlos Fernández

Entrevista completa a Manuel Rosales en Apunto con Juan Carlos Fernández

Apunto IV Parte Entrevista con Manuel Rosales Ex-Gobernador del Estado Zulia 12.04.17


Apunto V Parte Entrevista con Manuel Rosales Ex-Gobernador del Estado Zulia 12.04.17


Apunto VI Parte Entrevista con Manuel Rosales Ex-Gobernador del Estado Zulia 12.04.17

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martes, 28 de marzo de 2017

Consejo Permanente de la OEA aprobó con 20 votos discutir situación de Venezuela

Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos aprobó con 20 votos, la tarde de este martes 28 de marzo, discutir situación de Venezuela.
Durante el desarrollo de la sesión, intervino el embajador de México, Luis Alfonso de Alba, quien manifestó que no se han cumplido los acuerdos alcanzados en las mesas de diálogo entre el Gobierno y oposición en 2016.
“Debemos constatar con preocupación (...) Que no se han cumplido los acuerdos desarrollados en el proceso de diálogo, al mismo tiempo, subrayamos la necesidad de la liberación de todos los presos políticos, asegurar el respeto de poderes, respeto a las decisiones de la Asamblea Nacional, atender la necesidad de acceso a medicinas por parte de la población, medidas indispensables para reconstruir la confianza que permita la restitución de los valores democráticos”.


“México está convencido de que los estados debemos asumir una responsabilidad mayor en la búsqueda de soluciones. Contamos con voluntad política y los instrumentos necesarios (...) para coadyuvar en una nueva etapa de diálogo en Venezuela (...) con el fin de producir resultados concretos en un plazo determinado”, manifestó el representante mexicano.


Más temprano, Samuel Moncada, embajador permanente alterno de Venezuela ante la OEA, llamó a no realizar la sesión por no considerarla válida: “Se está convirtiendo en un acto grotesco de presión”.

"Nada permite que los asuntos de un Estado sean intervenidos por parte de ningún otro miembro".

"El contenido de esta discusión, el carácter de esta discusión nosotros decimos que es intervencionista que viola el artículo 1 de la Carta. Pensamos que esta sesión no debe ocurrir porque han ocurrido, de acuerdo al artículo 20 de esta propia organización, presiones indebidas contra miembros de esta organización", afirmó el representante de Venezuela.
Moncada señaló que el el artículo 20 del organismo internacional establece "que no puede ocurrir,  que no debería ocurrir ninguna forma de coerción de ningún tipo contra los Estados miembros para tratar de forzar su voluntad de cualquier manera".
Este lunes, el senador republicado del Congreso de EE UU, Marco Rubio, amenazó a tres países si votaban a favor de Venezuela en la OEA. El representante venezolano en el organismo manifestó que "grosero, abusivo, lo que ocurrió ayer, al mismo tiempo que nuestra canciller (Delcy Rodríguez) estab dirigiéndose a esta organización, cuando un miembro del congreso norteamericano, públicamente, amenazó a tres miembros de esta organización, con respecto a  su comportamiento en relación con Venezuela. Esto es un abuso de poder, esto desnaturaliza los propósitos de esta organización, ese congreso, que es el congreso de uno de los países más poderosos del mundo, se encuentra a menos de un kilómetro (...)".
"Es muy grave lo que está ocurriendo acá,  es más, ratifica lo que dice nuestra canciller, esto se está convirtiendo  en un acto grotesco de presión por parte de fuerzas incluso ajenas a esta organización como el congreso norteamericano (...) Por esa razón, antes de  comenzar cualquier procedimiento, se tome en consideración este punto porque nosotros pensamos que este Consejo no debe ocurrir y nos oponemos a su iniciación", enfatizó. 

lunes, 6 de marzo de 2017

Hay que defender a esa luz que vino de Atenas; por Fernando Mires

Muchos hablan de populismo para referirse a movimientos políticos que han signado a la política de América Latina durante los dos últimos decenios y a la de Europa de los tiempos actuales. Pero no hay populismo sin apellidos. Así lo aprendimos de Ernesto Laclau, teórico del populismo por excelencia.
Laclau vio incluso en el fascismo una forma de populismo. Hay populismos democráticos y antidemocráticos, formuló hace un par de años Chantal Mouffe, apuntando en la misma dirección que Ernesto.
Esa es la razón por la cual algunos hemos decidido renunciar al uso exagerado del concepto populismo. Son en verdad muy diferentes las realidades a las que alude. Seguir denominando como populista a un movimiento fascista y a uno democrático a la vez, oscurece en lugar de aclarar.
Lo dicho vale para la Europa de 2017 donde estamos asistiendo al surgimiento de fenómenos de masas que portan consigo características similares a las de los movimientos fascistas y comunistas que hicieron su puesta en escena durante las décadas de los veinte y de los treinta del siglo pasado. Populistas, los llaman.
Neofascistas, he denominado sin vacilar a algunos de ellos en diferentes artículos. Y lo he hecho no para insultarlos sino porque en sus más diferentes versiones contienen tres elementos propios al fascismo originario:
1. Relación directa entre masa y líder (sin mediaciones interestatales)
2. Identificación de un enemigo común.
3. Revuelta en contra de la democracia liberal y sus instituciones.
Tanto Putin, Erdoğan, Trump, Orbán, Wilders, Le Pen y Petry, desde distintas naciones, gobiernos y partidos, coinciden en su enemistad declarada a la democracia liberal, a los valores que representa y a las instituciones que la sostienen. La política es concebida por ellos como una relación directa entre masa y líder. Todos se declaran enemigos de la división de los poderes, según ellos, un impedimento para el decisionismo del poder supremo. Por eso Putin, Orbán, Erdoğan, Trump, y en América Latina, Maduro, Morales y Ortega, gobiernan mediante decretos.
El objetivo común a todos esos autócratas y aprendices de autócratas, al igual que los defensores de los totalitarismos de ayer (comunistas y/o fascistas) es la destrucción del Estado democrático y su sustitución por uno autocrático. Steve Bannon, ideólogo de Trump, lo ha dicho de un modo radicalmente sincero: “Hay que destruir al Estado”.
La tesis de la destrucción del Estado —propia a los movimientos neofascistas de nuestro tiempo— no es nueva. Marx la adoptó de su amigo/enemigo, el anarquista Bakunin, e intentó darle, aunque sin éxito, un formato científico. Los liberales económicos y sus hijos, los neoliberales, mucho más cerca del anarquismo que del liberalismo político, imaginaron a su vez que la economía debía ocupar el lugar del Estado. Y así como Lenin, ordenó ¡todo el poder a los Sóviets! (sin parlamento y sin justicia) los neoliberales corearon después: ¡todo el poder a las empresas!
Para comunistas, fascistas y liberales económicos, es la gran paradoja, la tesis de la supresión del Estado fue elaborada no para suprimir el poder sino para fortalecerlo. Pues al Estado también pertenecen instituciones de contra-poder como son el parlamento y una justicia independiente, destinadas a contrarrestar y controlar al ejecutivo. Así se explica por qué algunos dictadores de nuestro tiempo, desde Putin, pasando por Erdoğan, hasta llegar a Maduro, orientan sus esfuerzos a destruir a los parlamentos y a la justicia, es decir, a la sustancia misma del estado democrático.
La utopía de las dictaduras ha sido y es la de crear gobiernos-estados: el poder librado a su más brutal expresión ejecutiva (y militar). Esa es la razón por la cual la tarea de los demócratas ha sido, es y será, la de defender al Estado. Pues sin Estado no puede haber política.
Defender al Estado y a sus instituciones es defender a la razón y al sentido de la política de sus enemigos. Sean ellos fascistas y comunistas como ayer, o putinistas, erdoganistas y maduristas como hoy. E incluso —si las cosas se dan en los EE.UU. de acuerdo a las palabras de Bennon— trumpistas.
La democracia de nuestro tiempo surgió, no hay que olvidarlo, de un pacto no firmado entre tres tendencias políticas de la modernidad: la democracia social, el liberalismo político (no confundirlo con el económico) y el conservativismo de inspiración cristiana. Sus representantes son hoy atacados y ridiculizados por los enemigos del Estado democrático. En cambio los líderes antiestablishment (antiestado) en su mayoría personajes incultos y brutales, son elevados como modelos frente a los políticos (“la élite” en el lenguaje neofascista) es decir, frente a los defensores del Estado y sus instituciones, caracterizados por ellos como complacientes, progres y buenistas.
Hoy como ayer asistimos a una rebelión antipolítica hecha en nombre de la política pero en contra de la política.
Hace ya muchos siglos la barbarie espartana logró destruir a la democracia, a la cultura y a las instituciones de los atenienses. Según Hannah Arendt, el ideal de la armonía que cultivaban los atenienses terminó por volverse en contra de Atenas. Hoy, sin embargo, los demócratas tenemos una segunda chance. Ha llegado la hora de pasar a la ofensiva, identificar a los enemigos de la democracia y combatirlos donde estén. Frente a ellos no se puede ser buenistas.
Se avecinan batallas políticas decisivas en Holanda, Francia y Alemania. De la suerte de las elecciones en esos tres países dependerá —creo que no exagero— el futuro de la democracia en Europa. Y tal vez en el mundo entero. Hay que salvar a la luz de Atenas frente a la oscuridad que avanza desde las Espartas del siglo XXl.

La contrarrevolución anti-parlamentaria y anti-soviética de Vladimir Ilich Lenin; por Fernando Mires

Hace algunos días vi el documental francés  “Lenin, la otra historia de la revolución rusa”. Lo vi sin grandes expectativas. A estas alturas pensaba que más no se podía indagar sobre la revolución rusa de 1917. Y sin embargo, el film dirigido por Cédric Tourbe me pareció en algunos de sus pasajes, novedoso.
El documental confirma, por cierto, lo que ya se sabía: Lenin era un político por naturaleza, capaz de captar con extrema rapidez el curso de los procesos históricos. La documentación reunida por el historiador Marc Ferro y por el experto en crisis políticas Michel Dobry, demuestra que las teorías de Lenin variaban, sí, incluso se contradecían unas a otras cuando el curso que tomaban los acontecimientos así lo determinaba.
Lenin tenía ese extraño don de saber tomar el pulso a la historia y reaccionar en el momento preciso, no dejar escapar la oportunidad cuando esta se presentaba, e incluso adulterar sin escrúpulos las teorías de Marx si eso le parecía necesario para realizar su obsesión: la toma del poder.
No voy a relatar el film. Me detendré solo a precisar un momento que sí logró impresionarme. Ocurrió cuando apareció en la pantalla un mapa de Rusia marcado por una cantidad numerosísima de puntos rojos. Esos puntos eran los sóviets, consejos de obreros, campesinos y soldados, surgidos por primera vez durante la revolución fallida de 1905 y reactivados el año 1917 antes de la caída de Nicolás ll.
Ese mapa ilustra mejor que cualquier texto de historia la realidad que comenzaba a vivir Rusia a partir de la caída del Zar y durante el gobierno provisional dirigido por Alexander Kérenski en representación de la Duma (parlamento). Por un lado, el poder constitucional de Kérenski y la Duma. Por otro, el de los puntos rojos, el de los sóviets. Una situación de “doble poder”, así la denominó Leo Trotski.
Mirando ese mapa se entiende perfectamente la atracción que ejercían los sóviets no solo entre los bolcheviques, sino también entre quienes hasta ese momento habían sido sus compañeros de ruta: los mencheviques y los socialistas revolucionarios.
Frente a esa dualidad de poderes, Lenin evaluó dos opciones: o apoyar a Kérenski, tal como lo hizo durante el intento de golpe de estado del coronel Kornilov (agosto) y así, junto a los mencheviques y liberales asegurar la continuidad de un gobierno republicano y parlamentario, o apoyar el poder de los sóviets. El sagaz Lenin resolvió rápidamente el dilema; su consigna central fue legendaria: “todo el poder a los sóviets”. Desde Petrogrado, convertida por Trotski en comando central de los sóviets, la consigna se convirtió en orden.
Con la consigna “todo el poder a los sóviets” había nacido –eso no podía saberlo Lenin- una doctrina: la del poder que prescinde de las instituciones del estado moderno, es decir, la del poder que rompe con la división de los poderes del Estado propuesta por Montesquieu para que los mandatarios no se transformaran en monarcas absolutos. Pues “todo el poder a los sóviets” significa en texto claro: ningún poder al Parlamento. La revolución de Lenin fue así, y desde el comienzo, una contrarrevolución antiparlamentaria.
La revolución de Lenin no fue anti-zarista como la que llevó al poder a Kérenski en representación del Parlamento (febrero) sino, en primer lugar —y sobre todo— antiparlamentaria. Y si se tiene en cuenta que no puede haber democracia sin parlamento, fue también, desde sus primeros momentos, antidemocrática. Por esa misma razón tampoco fue, la de octubre, la revolución de los sóviets.
Quienes entraron al Palacio de Invierno (entraron, no asaltaron; en el film eso queda muy claro) no fueron los sóviets pues todos sus diputados estaban abocados en esos momentos en la preparación del Segundo Congreso de los Sóviets que debería tener lugar el 25 de octubre de 1917.
Quiénes entraron al Palacio de Invierno eran miembros de una multitud desorganizada (¿turbas?). Entre ellos, soldados desertores de un ejército descompuesto quienes recibieron el pomposo nombre “post-factum” de Comité Militar Revolucionario. Ellos solo accedieron a la residencia al darse cuenta de que esta había sido abandonada por sus ocupantes.
Lenin no dejó escapar el momento. Ordenó a los bolcheviques que se pusieran delante de “las masas” e inmediatamente comenzó a repartir ministerios entre sus amigos más leales. No sin razón Rosa Luxemburg calificaría a la “revolución de octubre” como el resultado de “un simple golpe de estado”.  El film constata, además, que mientras era preparado el “asalto” al Palacio de Invierno, los teatros, la ópera, los restaurantes, seguían funcionando como si nada hubiera sucedido. Quizás solo Lenin sabía que en ese instante estaba cambiando el curso de la historia universal.
Efectivamente: el partido había sustituido desde el primer momento a los sóviets. Y a la cabeza de ese partido estaba Lenin. En octubre de 1917 fue establecida  una relación directa entre el líder del partido en representación de un comité central puesto a su servicio, y las masas no soviéticas organizadas desde el partido.
La república soviética, en consecuencias, no solo fue antiparlamentaria y no-soviética. Fue, además, anti-soviética.
El Congreso de los Sóviets tuvo lugar efectivamente el 25-10, con nueve horas de retraso. Precisamente en el congreso que iba a definir la estrategia a seguir para que los sóviets accedieran al poder, Trotski -no Lenin- anunció que el poder ya había sido tomado por los sóviets pero sin los sóviets. Como escribió Máximo Gorki, el 7 de diciembre de 1917: “Los bolcheviques se han colocado en el Congreso de los Sóviets tomando el poder por sí mismos, no por los sóviets. […] Esto es una república oligárquica, la república de algunos comisarios del pueblo”.
Los socialistas revolucionarios y los mencheviques abandonaron en acto de protesta la sala del Congreso cediendo la mayoría a los bolcheviques en alianza con algunos miembros del Partido Socialista Revolucionario. Gravísimo error. En nombre de la Unión de Repúblicas Soviéticas fue erigida la dictadura de un partido. Lenin y Trotski fueron sus iniciadores. Stalin la construyó a sangre y fuego.
Muchos años después, Putin, sin recurrir a ningún partido, pero asociado a la Iglesia ortodoxa del zarismo, ha restaurado lentamente la república antiparlamentaria. Desde esa perspectiva, Lenin- Stalin- Putin, cada uno en su tiempo, han sido los líderes de la contrarrevolución antiparlamentaria, antidemocrática y antisoviética nacida originariamente en nombre de los concejos de obreros, campesinos y soldados.
La por Lenin llamada democracia directa según la cual no debe existir ningún tipo de mediación institucional entre las organizaciones de base y el líder supremo, ha pasado a ser, después de Lenin, la utopía de casi todas las dictaduras del mundo. Quizás esa es la razón que explica por qué la figura de Lenin no solo ha fascinado a los “revolucionarios” de izquierda, sino también a los de las más extremas derechas.
Mussolini, como es sabido, fue un admirador de Lenin. Del mismo modo no pocos nazis se sintieron atraídos por el dictador ruso (existía incluso al interior del NSDAP una fracción llamada “bolcheviques-nazis”) del mismo modo como los neo-fascistas europeos de nuestro tiempo no ocultan su admiración por el nuevo Vladimir: me refiero a Putin.
Seguramente el muy inteligente Carl Schmitt, quien fuera jurista de Hitler y cuyas teorías anti-parlamentarias siguen siendo patrimonio del pensamiento teórico de las ultraderechas y del neo-fascismo, se habría sentido hoy fascinado por la figura de Putin del mismo modo como lo estuvo por la de Lenin. En efecto, los dos Vladimires, Lenin y Putin, son las representaciones más genuinas del antiparlamentarismo moderno. Tanto el uno como el otro convirtieron al parlamento en una institución puesta al servicio de la autocracia en el poder.
El parlamento era para Lenin lo mismo que después fue para Hitler y Schmitt: un estorbo para el ejercicio directo del poder, un obstáculo para el diálogo libidinoso entre el gran líder y el pueblo, un elemento dilatorio destinado a torpedear la “soberanía decisionista” (Schmitt) del principio del líder (Führerprinzip). Fue por eso que Schmitt asumió como suya la caricaturización que hiciera el ultrarreaccionario filósofo español Donoso Cortés (Discurso sobre la Dictadura) cuando llamó a los parlamentarios “clase discutidora”.
En su libro El Estado y la Revolución, escrito en vísperas de la toma bolchevique del poder, Lenin, como si hubiera leído a Donoso Cortés, llamó al Parlamento “jaula de cotorras”. Textual: “ La salida del parlamentarismo no está, como es natural, en abolir las instituciones representativas y la elegibilidad, sino en transformar dichas instituciones de jaulas de cotorras en corporaciones de trabajo”.
La destrucción de la democracia pasa efectivamente por la des-parlamentarización del Estado. Por esas mismas razones, la lucha por la democracia en los países dominados por dictaduras ha sido, es y será, la lucha por la instauración y/o recuperación del parlamento en su triple función:
Órgano de diálogo y deliberación entre representantes del pueblo libremente elegidos
Órgano legislativo de la nación jurídica y políticamente constituida
Contra-poder frente a las tentaciones omnipotentes del ejecutivo.
Sin esas tres atribuciones parlamentarias la democracia es una imposibilidad. La democracia directa  -sueño o pesadilla soviética- nunca ha existido. La democracia ha de ser indirecta y delegativa o no ser. La soberanía de un pueblo ha de expresarse en el voto de cada ciudadano a solas con su conciencia, frente a una hoja de papel en donde hay nombres que elegir. Nunca entre individuos escondidos en una multitud, aplaudiendo a las locuras del líder de ocasión.
Sin parlamento el gobierno se convierte en Estado. Es por eso que todos los que se han planteado como tarea histórica la destrucción del Estado, han comenzado por destruir al Parlamento.
No deja por eso de producir miedo el hecho de que un alto representante del gobierno de los EE. UU, nada menos que el ideólogo de Donald Trump, Steve Bennon, no solo ha declarado su admiración por los dos Vladimires rusos, sino, además, propuso como tarea histórica “la destrucción del Estado”. Un tipo de esa escuela no tiene nada que hacer en un gobierno elegido por el pueblo. Aunque ese gobierno sea el de Donald Trump, los EE. UU son la nación de Thomas Jefferson y Abraham Lincoln. A esa tradición no pertenece Lenin.
Lenin sustituyó al parlamento por los sóviets, a los sóviets por el partido y al partido por su secretario general. Pese a que el documental “Lenin, la otra historia de la revolución rusa” busca exaltar a la figura carismática de Lenin, si uno lo ve con ojos críticos, no puede ocultar la durísima verdad: Stalin vivía dentro de Lenin del mismo modo como Putin vivía dentro de Stalin.
El documental muestra claramente como la revolución de octubre no fue más que un golpe de estado ejecutado por una pandilla de audaces activistas, seguidores de un talentoso, hábil e ilustrado dictador que imaginaba hablar en nombre del pueblo y que, por lo mismo, no necesitaba de ese pueblo.
Afortunadamente esa historia no ha terminado. Lenin no ha podido derrotar a Montesquieu. Después de Lenin, muchas revoluciones han surgido para reivindicar el derecho de los pueblos a elegir a sus propios representantes. La  lucha de nuestros tiempos ya no es anti-parlamentaria como fue en los días de Lenin y Trotski, sino todo lo contrario: ella tiene lugar en contra de gobiernos que, como el de Lenin, han usurpado el lugar del parlamento y, con ello, el del Estado.
Justamente después de, y quizás gracias a la, experiencia de la revolución rusa, hay un consenso político entre los demócratas: sin parlamento elegido de acuerdo a los principios del sufragio universal, no hay democracia. La lucha por el parlamento es por lo mismo la lucha por el voto, es decir,  la lucha por la democracia. Esa lucha logró su máxima victoria con las revoluciones que llevaron al derrocamiento de las dictaduras comunistas post-leninistas europeas (1989-1990) .
Hoy, un siglo después de la contra-revolución de Lenin, tiene lugar un segundo capítulo: la lucha electoral en contra de los movimientos y partidos neo-fascistas dirigidos desde la Rusia de Putin. Seguramente habrá nuevas derrotas, pero también algunas victorias. En América Latina al menos, el socialismo del siglo XXl, tan anti-parlamentario y tan autocrático como fue el del siglo XX, ya se encuentra en franca retirada.
La lucha continúa.

domingo, 5 de marzo de 2017

Valiente carta del Gral Ochoa Antich a las FANB

Me dirijo a ustedes, preocupado como estoy ante la inconstitucional conducción y consecuente desinstitucionalización a la cual se ha sometido progresivamente a la Fuerza Armada Nacional durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, para pedirles que reflexionen sobre el desprestigio que se le causa a nuestra institución al violar el contenido de los artículos 328, 330 y 331 de la Constitución Nacional, con el inaceptable objetivo de convertir a nuestra institución en un instrumento político que destruya los principios y libertades fundamentales de nuestro Estado de Derecho, tales como la ética, el pluralismo político, el libre ejercicio del sufragio, la libertad de opinión y expresión, la igualdad ante la ley, la revocación de los mandatos de elección popular… Insisto una vez más en la necesidad de una urgente y profunda rectificación de esa equivocada actitud para restituir el carácter profesional y apolítico de la Fuerza Armada Nacional, así como la plena vigencia y ejercicio de los derechos ciudadanos.
Esa equivocada conducción de la Fuerza Armada Nacional se ratifica de nuevo en la guía de planeamiento del general Vladimir Padrino López, ministro de la Defensa, para el año 2017, y en la respuesta que los miembros del Alto Mando Militar y los distintos comandantes de regiones estratégicas de Defensa Integral le entregaron durante las reuniones del 10 y 21 de febrero, cuyos contenidos conoció la opinión pública a través de la reseña del periodista Hernán Lugo-Galicia publicado en El Nacional en su edición del 27 de febrero de este año. Es tan detallada esa información que es imposible no darle crédito a los distintos planteamientos realizados en las mencionadas reuniones y mucho más cuando no ha habido un desmentido del Ministerio de la Defensa. Definitivamente, esta guía de planeamiento lo que busca es continuar transformando a la Fuerza Armada Nacional en un órgano definitivamente represivo al servicio del régimen madurista, con el objetivo de defender a una supuesta revolución socialista, combatiendo a sus eventuales enemigos externos e internos: “Estados Unidos, sectores de la oposición democrática y la delincuencia organizada”.
Entre los aspectos más sorprendentes de la información publicada por El Nacional se encuentra la posición del general Padrino: “Estamos sometidos a una guerra no convencional cuyo objetivo es la mente del hombre, debilitar su capacidad y voluntad de lucha, debilitar al Estado y sus instituciones, debilitar la FANB”. Esa absurda posición conduce al extremo de considerar que Venezuela se encuentra inmersa en una “guerra de cuarta generación”, que obliga a incrementar las medidas de control ciudadano de parte de la Fuerza Armada Nacional al considerar que sus enemigos son los propios venezolanos, en particular la oposición democrática y la disidencia en general para reprimirla, controlarla y aniquilarla. Con ello, lo que se persigue es justificar acciones violentas de coerción y represión para conculcar los derechos y libertades políticas de los ciudadanos cuyos ideales difieren del socialismo del siglo XXI. Esa visión conduciría al establecimiento de una neodictadura que comprometería gravemente la vigencia de nuestro sistema democrático al violentar la casi totalidad de los derechos ciudadanos.
En verdad, ese no es el problema que enfrenta Venezuela en esta hora menguada de su historia. Diariamente, nuestro pueblo lucha ante una dolorosa realidad: no hay suficientes productos de primera necesidad y la escasez de medicinas transforma en tragedia cualquier problema de salud. De todas maneras, en una situación de tal gravedad, la Fuerza Armada Nacional podría jugar un papel histórico trascendente siendo factor fundamental en la solución de la creciente crisis política. El primer paso que tendría que dar nuestra institución es buscar los medios necesarios para que el diálogo entre el gobierno nacional y la oposición democrática recupere la necesaria credibilidad en los ciudadanos como medio eficiente para la solución de la actual crisis nacional. No tengo duda en afirmar que el único camino posible es que el gobierno nacional cumpla con las exigencias planteadas en su carta por el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, segundo en jerarquía después del Papa, en su carta de fecha 1° de diciembre de 2016, en la cual le señala al gobierno nacional que incumplió los acuerdos iniciales de la Mesa de Diálogo al no liberar a todos los presos políticos, no establecer el cronograma electoral, continuar desconociendo las funciones constitucionales de la Asamblea Nacional y, fundamentalmente, no haber establecido un canal humanitario para enfrentar el hambre y la muerte de los venezolanos.
Si el ministro de la Defensa y el Alto Mando Militar, en nombre de la Fuerza Armada Nacional, se atrevieran a solicitarle a Nicolás Maduro que aceptara cumplir esos acuerdos, y ocurriera de inmediato, se recuperaría la posibilidad de un diálogo político. Es verdad, que al mismo tiempo se requeriría un firme y claro compromiso entre el gobierno nacional, la oposición democrática y la Fuerza Armada Nacional de cumplir estrictamente lo establecido en la Constitución Nacional. También, sería imprescindible que el gobierno nacional entendiera la urgente necesidad de dejar de perseguir a la oposición democrática, de establecer una política exterior moderada y prudente, que realmente permitiera reconstruir nuestras relaciones con Estados Unidos y numerosos Estados democráticos que ven con gran preocupación y angustia lo que ocurre en Venezuela. Si la Fuerza Armada Nacional fuera factor fundamental en ese histórico acuerdo nacional, impactaría de tal manera el sentimiento de los venezolanos que le permitiría iniciar con éxito ese largo y costoso proceso de recuperación de su prestigio institucional.
Superada la actual crisis política, la Fuerza Armada Nacional debe regresar a los cuarteles, lo haría con gran autoridad moral, a dedicarse a sus funciones específicas como lo establece el artículo 328 constitucional para poder recuperar, de esa manera, su capacidad militar para enfrentar las verdaderas amenazas que contra nuestra soberanía pueden surgir en un futuro cercano: Guyana, entre otras. En este momento, la Fuerza Armada Nacional tiene un delicado reto: enfrentar la delincuencia organizada y los grupos armados que permanentemente amenazan a nuestro pueblo. Ustedes tienen la última palabra.
fochoaantich@gmail.com

domingo, 26 de febrero de 2017

Esclarecedora entrevista al Padre Luis Ugalde

Donde los opuestos se unen

"Hace Falta Alguien Que Inyecte Fe Y Entusiasmo"
Ugalde: “No estoy llamando al golpe de Estado, estoy llamando a respetar la Constitución”

Ugalde: “No estoy llamando al golpe de Estado, estoy llamando a respetar la Constitución”
"Hay un vacío de liderazgo realmente trágico en la oposición", asevera - Fotos: Jonathan Lanza


VANESSA DAVIES
"La gente no es suicida: si no ve una salida, no se va a mover", afirma el sacerdote jesuita. Asegura que Maduro no tiene carisma ni recursos, y tampoco es solidario con el dolor de la población. "La Iglesia tiene que jugársela", enfatiza
Este es Luis Ugalde, el nacido en el País Vasco en 1938 que se hizo más venezolano que la arepa. Luis Ugalde, el expulsado de la misma universidad (la Católica Andrés Bello) que luego dirigió durante 20 años. Luis Ugalde, el cura “comunista” que fue apresado durante El Caracazo (1989) por los organismos de seguridad del Estado. Luis Ugalde, el analista político que asegura que no apoyó el golpe de Estado contra Hugo Chávez el 11 de abril de 2002 (ni siquiera estaba en el país cuando ocurrió). Luis Ugalde, el sacerdote jesuita a quien, meses antes de ese 11-A, fotografiaron con dos de los protagonistas de la asonada (Pedro Carmona Estanga y Carlos Ortega) durante un acto político y por ello lo culparon de respaldar esa acción. Luis Ugalde, el columnista del diario El Nacional que escribió en diciembre de 2016 que Venezuela necesitaba otro Wolfgang Larrazábal (quien dirigió la transición luego del derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez, en 1958).

El director del Centro de Reflexión y de Planificación Educativa de los Jesuitas (Cerpe) recibe al equipo de Contrapunto con la misma mirada penetrante de toda la vida. Observa y espera la primera estocada. Sostiene que la Iglesia católica no puede callar en este momento, cuando Venezuela soporta lo que no duda en calificar como “una dictadura”.


“Todo gobierno, cuando se vuelve dictatorial, no acepta ninguna institución que no se le subordine totalmente”, afirma.

–¿Usted considera que hay una dictadura ahora?

–Sí. Creo que hay una dictadura porque si 8 millones de venezolanos eligen una Asamblea Nacional, y el gobierno activa mecanismos con los cuales anula totalmente toda acción de la Asamblea, para mí eso es dictatorial.

–No es una dictadura como la de Pinochet.

–En ese sentido es más inteligente que la de Pinochet.

–¿En qué sentido?

–En el origen mismo del gobierno actual hay dos golpes frustrados, pero hay unas elecciones. Y entonces hay una convicción, apoyada por la realidad, de que Chávez era capaz de ganar las elecciones. Ganó la primera y ganó una serie de elecciones. Ese es un componente que está allí. Pero hay otro componente.

–¿Cuál es?

-Un viejo comunista me dijo: “Estos ingenuos se creen que nosotros vamos a entregar el poder por los votos. Un comunista que llega al gobierno nunca entrega el poder por los votos”.

–¿Estamos en ese escenario, piensa usted?

–Estamos en ese escenario. En este momento el gobierno sabe que no tiene los votos, pero tiene el poder: el ejército, la policía, el poder judicial y, entonces, dice, “nosotros no vamos a entregar el poder por los votos”. El año pasado, una elección que está en la Constitución fue aplazada y negada, y este año, por los pasos que llevan, también será negada, aplazada o trampeada. Puede ser trampeada al estilo de Nicaragua.

–¿Se refiere al revocatorio o a las regionales?

–A las regionales. Pueden hacerlas como ha pasado en Nicaragua: ha habido elección, pero ha habido elección sin adversarios. Es como un partido de fútbol con el árbitro propio y jugando en el equipo contrario los jugadores que nosotros elegimos.






Vacío en la oposición

–Si eso ocurre es porque hay una oposición que se presta. ¿Qué pasa con la oposición? Usted considera que hay un gobierno dictatorial…

–El gobierno actual vive de ciertas rentas democráticas, y eso es lo que más se ha deteriorado a escala mundial. Hasta hace poco en Europa la gente decía “ustedes tienen un gobernante que quiere ayudar a los pobres y como la oposición y los obispos son reaccionarios, no lo dejan gobernar”.

–¿Eso no es verdad? ¿No quiere el gobierno gobernar para los pobres?

–No tiene ninguna capacidad, y en este momento, no le duele el hambre de la gente, no le duele la falta de medicinas. Permanecer en el poder está muy por encima del dolor de la población. No es verdad que el actual gobierno quiera mejorar la situación de los pobres. Quizá esperaba que mejorara el precio del petróleo. Pero por encima de todo lo que quiere hacer es mantenerse en el poder. Si nosotros tomamos lo que era el chavismo hace cinco años, más de la mitad, muchísimo más, hoy día no son maduristas ni apoyan al actual gobierno, porque sienten que contradice lo que decía de los pobres.

–Pero es un gobierno que no solo tiene poderes, sino también algo de pueblo.

–Sí tiene algo de pueblo, pero piense usted que hay 4 millones que viven del salario de la administración pública. Yo llevo 30 años trabajando en La Pradera, en La Vega, y esa zona ha sido mayoritariamente chavista hasta ahora.

–¿Ya no lo es?

–Ya no lo es. La ideología marxista estricta a la gente la tiene sin cuidado. Eso no lo ha tragado nunca, salvo los universitarios. El cariño, el amor de Chávez, la convicción de que “este sí nos quiere”, apoyado por los buenos precios petroleros, mantuvo al gobierno. Pero en este momento ni el Presidente tiene el carisma que tenía Chávez, ni tiene los reales, y además la gente ve la falta de dolor. Ciertos chistes que hace Maduro son tan ofensivos para el que está sufriendo, para el que está en la cola…

–¿Cuáles?

–Han dicho tantas cosas… como que aquí no hay cola, o que la gente come como nunca, que nunca hubo educación gratuita o salud gratuita, y eso es mentira.

–Usted dice que las grandes mayorías que apoyaron a Chávez no quieren a Maduro. ¿Maduro no ganaría una elección?

–Si el árbitro fuera neutral, Maduro no ganaría una elección; perdería de calle.

–¿Y por qué la gente no ha reaccionado de otra forma? ¿Qué cree que está conteniendo esa molestia?

–Creo que hay un elemento de miedo. Hay personas que dicen: ¿Qué hace la gente resignada en las colas? Pero, ¿y qué otra cosa van a hacer? Una persona individual que va a buscar pan, arroz o café, se pregunta: “¿Qué hago yo rebelándome? Me van a poner preso”. Y por otro lado, sobre todo en los últimos meses, hay un vacío de liderazgo realmente trágico en la oposición, y todo el mundo intuye que ese vacío viene de los intereses particulares de fulano que quiere ser candidato. Han sido incapaces, en los últimos tres meses, de hacer unos planteamientos claros, que la población perciba que hay una ruta. La gente no es suicida: si no ve una salida, no se va a mover.

–Pero hay líderes en la oposición. ¿Cuál cree usted que es el problema?

–Yo no creo que estén vendidos, pero sí creo que los intereses particulares, o cierta obsesión en algunos por ser candidatos presidenciales de unas elecciones que no sabemos cuándo van a ser, es un error. Aquí hace falta poner por encima de todo ese malestar de la población y la recuperación de los derechos humanos y de la Constitución.

–¿Qué debería hacer la oposición?

–Han dicho de varias formas que esto es dictadura, pero no sacan la conclusión. ¿Quieren una dictadura con división de poderes?

–¿Dicen que es una dictadura pero no lo creen?

–Lo dicen pero no lo creen. Ya lo dijo Carlos Escarrá: en un régimen revolucionario la división de poderes no es aceptable. Eso tiene una fundamentación teórica que yo no comparto, pero la tiene: tenemos que destruir la dictadura de la burguesía, y para eso tenemos que concentrar todo el poder a fin de crear la dictadura del proletariado. Entonces no podemos andar con elecciones ni con división de poderes.

–¿Eso no es lo que está pasando en Venezuela? ¿La dictadura del proletariado?

–No. Lo que pasa es que la dictadura del proletariado tampoco fue en la Unión Soviética. Al final la dictadura del proletariado se convirtió en la dictadura sobre el proletariado.



Las pequeñas protestas de todos los días

En este momento, asegura Luis Ugalde, “el gobierno es de facto” y “ya no cree en sus teorías marxistas y, mucho menos, en la teoría que sustenta nuestra Constitución, porque en la Constitución sí está la separación de poderes, sí están los derechos humanos por encima de todo”.

–¿El país puede cambiar sin los chavistas?

–Creo que no.

–¿Por qué?

–Lo que alimentó el chavismo era el repudio del deterioro socioeconómico que se vivía, el deterioro de los partidos, la incapacidad de los partidos de dar respuesta, y entonces vino este señor (Chávez), que era un vengador que iba a castigar. Aparte de las cualidades personales de liderazgo había un sentimiento, y ese sentimiento Chávez lo supo expresar. La gente decía “este lo supo expresar y me ha puesto en el centro de la política”.

–¿No hay nadie en la oposición que haga eso ahora?

–En este momento no. No es blanco y negro, no es que no haya nadie que tenga apoyo, pero falta muchísimo. Y creo que dedican demasiado tiempo a disquisiciones jurídicas. La discusión no es de iure, es de facto. ¿Tengo o no tengo poder para suprimir esta elección, para poner preso a Yon Goicoechea porque me da la gana?

–En ese escenario, ¿qué piensa usted que debe hacer el liderazgo opositor?

–Creo que hay que sacar las conclusiones: es una dictadura. Entonces no nos queda la fuerza de las leyes.

–¿Qué fuerza queda?

–No queda sino el malestar de la población. El gobierno se pudiera engañar diciendo que “tienen la AN pero ya inventé la manera de anularla”, pero ¿qué es lo que no tiene controlado el gobierno? El hambre. Ahí sí no ha podido mejorar nada, y dentro de un mes vamos a estar peor que ahora. La oposición se tiene que convencer, dentro de la Constitución, de que tiene que apelar al derecho humano violado.

–¿Cómo?

–Cuando dicen “calle”, la gente piensa en una manifestación multitudinaria, y las manifestaciones multitudinarias no se pueden hacer todos los días. Pero hay un grupo de abuelos que protestó porque no les llega la pensión, en el hospital las enfermeras protestan porque se les mueren los enfermos.

–¿La protesta de todos los días?

–La protesta de todos los días, que es muy variada, no siempre es multitudinaria y que haga sentir al gobierno y al mundo que es realmente impopular; que es enemigo de la gente.

–Pero el gobierno puede seguir gobernando así.

–Bueno, las dictaduras siguen gobernando así, pero hay que ver cuando ese desamor va tomando cuerpo, se va expresando, se va articulando. La Fuerza Armada dice que no va a tumbar el gobierno, pero recordemos 1957. En 1957 nadie sabía quién era Wolfgang Larrazábal, nadie en la oposición estaba pensando que debe haber malestar en los cuarteles.

–¿Estamos en esa situación hoy?

–La caída de las dictaduras no suele ser anunciada, como lo son las elecciones. ¿Cómo fue Alberto Fujimori? Meses antes me dijo un jesuita que Fujimori iba a durar mucho porque tenía apoyo de los militares, y ¿qué pasó? Ninguna historia se repite, pero el deterioro es tal, que los militares también miran a la calle.

–¿Usted piensa que, en la medida en que los militares vean el malestar, van a apartarse del gobierno?

–Pienso que, en la medida en que vean el malestar, y vean las manifestaciones concretas de ese malestar, pensarán que no van a reprimir eso. Creo que la inmensa mayoría de los militares piensa así, porque tienen su familia, porque en el cuartel falta comida.

–¿Esto no es apelar al golpe de Estado contra un Presidente que fue electo por el pueblo?

-¿Quién en Venezuela considera golpista a Larrazábal? Nadie. Es el hombre que dirigió el paso de la dictadura a la democracia.

–¿Ve figuras en el sector militar que pudieran ser ese Larrazábal?

–De Larrazábal se burlaba todo el mundo. No tenía cualificación especial. No es que había un predestinado. Hemos hecho algunas transiciones bien hechas, como la de López Contreras. ¿Quién iba a decir que el ministro de la Defensa de Juan Vicente Gómez haría la transición?

–¿No tiene miedo de que lo metan preso por decir eso? Van a decir que está llamando a un golpe de Estado.

–Sí lo van a decir, pero yo no me puedo callar. En una situación normal, democrática, es bueno que la Iglesia sea cuidadosa, porque hay cauces políticos para expresarse. Cuando las dictaduras empeoran, como el franquismo en su etapa final, pusieron a docenas de curas presos. Como los políticos no podían hablar, la Iglesia, en esas situaciones extremas, puede y debe hablar.



La Iglesia debe hablar

–¿En esta situación en Venezuela la Iglesia debe hablar?

–La Iglesia debe hablar.

–¿Y qué debe decir?

–Lo que dijo en el documento de enero de la Conferencia Episcopal: hay que escuchar el malestar de la gente. Si no, la Iglesia traicionaría al Evangelio si no tuviera sensibilidad ante el hambre, la falta de medicinas, la inseguridad brutal que estamos viviendo. La gente está sufriendo. La Iglesia tiene que acompañar, ver cómo formamos modos de solidaridad para que haya, al menos, una comida caliente al día, como lo hizo la Iglesia en tiempos de Pinochet. Hace falta la dimensión internacional, porque para hacer ollas populares se necesita una red que alimente eso. Cáritas Internacional puede hacer eso, está dispuesta a hacerlo, pero el gobierno que dice que aquí no hay pobreza y que es el gobierno de los pobres ¿cómo va a admitir que necesita limosna internacional para poder comer? Pero esa es la realidad: hay que pedir limosna internacional para poder comer. En esa situación, la Iglesia tiene que reflejar la verdad. ¿Qué corre riesgos? Sí. A mí me han amenazado.

–Usted está llamando a un golpe, prácticamente.

–No estoy llamando a un golpe de Estado, estoy llamando a respetar la Constitución. Y no se puede respetar la Constitución mientras no haya militares decididos a hacer que la Constitución sea respetada.

–¿Pero ellos no la están violando ahora?

-“Ellos” son muchos. Unos la están violando y otros no. Hay muchos que están avergonzados por lo que está pasando. Desde generales, hasta sargentos. En una dictadura la gente no habla, porque todo el mundo está vigilado. Hay mucho miedo, y la Iglesia no puede decir que también se va a callar. La Iglesia tiene que jugársela. ¿Qué eso cuesta? Mataron a monseñor Romero, en El Salvador nos mataron a seis jesuitas.

–¿La Iglesia tiene que jugársela ahora en Venezuela para qué? ¿Para que cambie el gobierno? ¿Para que respete la Constitución?

–Creo que las dos piezas son la Constitución y los derechos humanos: derecho a comer, a un salario que te dé para vivir, a la salud. Todo eso está consagrado en la Constitución. Y derecho a expresar tu opinión. Usted me pregunta si no tengo miedo. En la medida en que hay democracia no tengo miedo, pero como no es democracia, bueno, estamos en manos de la dictadura.

–¿En qué momento piensa usted que el gobierno dejó de ser democrático?

–No es que exista una hora cero. A mí Chávez me dijo una cosa: yo no creo en los partidos políticos, yo creo en los militares, que es donde me formé. También me dijo que para resolver la pobreza teníamos que inventar otra economía. Inventaron la ruta de la empanada, el trueque… el dinero es malo… el demonio está en el dinero…todas esas cosas que las entiendo pero de las que Marx se habría burlado. En todas esas cosas perdimos mucho tiempo.

–¿Era dictatorial?

vFue paternal: si los hijos se portan bien, el gobierno paternal es paternal. Y si los hijos no se portan bien, el padre se convierte en dictador.

–¿Es lo que está pasando ahora?

-Es lo que está pasando ahora. Los errores económicos son de Chávez; por ejemplo, apostar por la renta petrolera, creer que es infinita y que gobernar bien es distribuir, no producir. Él hizo una prédica tremenda, fácil de entender pero que es una trampa: tenemos gente pobre y un país riquísimo, y hay unos ladrones que se apropian de esa riqueza: el imperio, los ricos y los partidos políticos. En esa lógica, ¿qué significa buen gobierno? Distribuir la riqueza que existe, no crearla. “Ahora Pdvsa es del pueblo”. La frase tenía un impacto tremendo. La gente sentía que estaba en el centro de la atención.

En lo que considera como un viraje hacia el marxismo, el sacerdote jesuita atribuye una influencia al presidente cubano, Fidel Castro. "Cuando Chávez llega al gobierno no tiene un discurso marxista. Después del fracasado golpe de 2002, dijeron 'me van a dar otro golpe y no va a haber remedio', y entonces entra la teoría marxista: no puedes dejar con vida a los empresarios".


–¿Eso es lo que ocurrió?

–Eso es lo que ocurrió. Tú, estatiza, y si no alcanza, importas. Pero ahora no tenemos la producción ni los dólares. Se dijo también que la productividad era una categoría neoliberal. Y Sidor pasó a producir la cuarta parte, y ahora ni siquiera eso. Pdvsa triplicó la nómina; en este momento es una empresa terriblemente ineficiente.



"Hace falta alguien que inyecte fe y entusiasmo"

–Si Maduro dice ahora “me voy”, ¿usted cree que todo eso cambiaría?

–Lo uno con otra pregunta suya: ¿se necesita el chavismo para el cambio? Yo creo que sí. Un gobierno que gane con un 5% tendrá en contra a los chavistas y a una parte de la oposición, y así no es posible reconstruir Venezuela. Venezuela está tan mal como después de una gran guerra. Tienes que reconstruir, las fábricas están obsoletas. La Iglesia tiene razón: esto requiere de una reconciliación.

–¿Cómo?

–Para los delitos están los tribunales. Pero tiene que haber un espíritu de decir unos y otros “nos equivocamos”, la solución no es que desaparezca lo que se construyó desde 1998 para acá, sino que desaparezcan también todos los errores de los 25 años anteriores a 1998. Tampoco se le puede decir a la población pobre: “Usted tuvo una ilusión, pero váyase a su casa con las manos vacías”. Hay que decirle que esa esperanza tiene razón, y tenemos que ver cómo, entre todos, hacemos que eso sea viable, basado en una inversión nacional e internacional en todas las áreas y con la colaboración de todos. Hace falta alguien que inyecte fe y entusiasmo.

–¿No lo hay?

–A lo mejor lo habrá, pero no lo veo hasta ahora. Pero llegará.

Para poder avanzar hacia ese punto, insiste Luis Ugalde, hay que dejar de lado “las pequeñas diferencias”.

–¿Usted piensa en algo como la caída del Muro de Berlín?

–No necesariamente, pero el Muro se cayó sin un tiro. Y probablemente era el país más vigilado y dictatorial. Se cayó sin un tiro, tampoco hubo grandes persecuciones. No hubo asesinatos, no hubo venganzas, y no hubo por el sentido común de decir que fue un gran error. Eso es necesario en Venezuela.

–¿Podemos llegar a un cambio que nos incluya a todos? ¿Que no se dispare un tiro?

–Sí. Nunca he creído lo que dicen muchos de que esto termina en una guerra civil, aunque haya tantas armas en manos que no deben tenerlas. El ejército debe hacer valer su condición de que tiene el monopolio legítimo de las armas. ¿Cómo es posible que el malandro tenga armas más poderosas que la policía?

–El gobierno plantea que es un gobierno agredido y que se enfrenta a un imperio.

–Esa es la prédica del gobierno para su legitimación. El gobierno tuvo una legitimación: la prédica de los pobres contra los ricos. Esa legitimación se acabó. El gobierno, en este momento, es el mayor fabricante de miseria, y eso es bastante indudable.

–Pese a ello puede ser un gobierno agredido por el “imperio”.

–El gobierno busca una nueva legitimación, y la nueva legitimación es que la Iglesia se ha convertido en partido político y que están con el Papa porque el Papa quiere el diálogo. Es algo ridículo, porque el Papa y la Conferencia Episcopal Venezolana están muy de acuerdo. La palabra diálogo significa dos cosas: la junta médica para decir qué hay que hacer para salvar al moribundo; y el otro diálogo, que no es diálogo, que es cómo entretenemos mientras sube el petróleo y cómo dividimos a la oposición.

–¿Qué piensa que va a ocurrir de aquí en adelante?

–La oposición dice “a ese diálogo, que es una burla, yo no voy”.

–Pero estamos en un punto muerto.

–No es muerto, porque la situación sigue avanzando para peor. ¿Qué rompe el equilibrio? El malestar de la nación, que se vuelve cada día más insostenible en los cuarteles, en las universidades, en las colas. Es muy trágico lo que digo, ojalá me equivocara. La oposición tiene que reconocer que ha sido muy torpe en estos meses, y que no tendrá credibilidad si no aparece enfocada en la salvación nacional. La casa está ardiendo y lo que hay que hacer es ponernos en cadena con los tobos de agua, los de un partido y de otro.

–¿Está haciendo lo correcto la oposición al no ir al diálogo en estas condiciones?

-Creo que está haciendo lo correcto.

-Pero no hay otras condiciones.

-Tendrá que haberlas y las habrá.

-¿Cómo?

-La desesperación produce condiciones.

-¿Va a haber condiciones para qué: para el diálogo o para la salida del gobierno?

-Diálogo para la salida del gobierno. Diálogo para la reconstitucionalización. Por un tiempo pensé que el gobierno iba a aceptar ser protagonista de la reconstitucionalización y la restauración de derechos humanos; en este momento no lo creo, porque ha dicho no, no y no.

-¿En este momento usted no le da el beneficio de la duda al presidente Maduro?

-Se lo daba.

-¿Cuándo dejó de dárselo?

-Hace mucho tiempo. Uno quisiera que el cambio fuera sensato, que el gobierno dijera “nos equivocamos”. Pero dice que va a sentarse con los empresarios y hace una comedia. No puede ser así. Tiene que ser una cosa seria, porque el país se está muriendo. La oposición y el gobierno no tienen más remedio que conectarse de verdad con la gente, y que la gente vea que es así, que no es una táctica, que no es un eslogan, que se nos va la vida en eso. La CEV sacó un documento que creo que es el más contundente de su historia. Si a alguien le disgusta debe decir “todo es mentira”, pero no es mentira; todo lo que dice es verdad.

-¿No es un poco ingenuo pensar que porque empeoren las condiciones el gobierno va a salir?

-Los regímenes que lograron controlar 100% de la población, como Alemania Oriental, Cuba, la URSS, se mantuvieron, porque en un régimen policial ¿cómo va a organizarse la gente? En Venezuela eso no ha llegado. Es verdad que aquí compraron con testaferros los medios de comunicación, pero también es verdad que no es lo mismo 1966 que ahora. En este momento la gente se entera, y no hay modo de que no se entere a pesar de los controles. Es una situación distinta.



Venezuela no está para andar contando agravios

-¿La respuesta internacional ha sido acorde con la situación venezolana?


-No lo ha sido, aunque hay un cambio notabilísimo. Chile le debe mucho a Venezuela.

-¿Usted esperaba una reacción distinta?

-Ya empiezan algo, pero los gobiernos de Chile, los dos últimos, han sido sordos a la situación de Venezuela. Ahora, el panorama latinoamericano ha cambiado: Brasil es otra cosa, Macri es otra cosa, Tabaré Vásquez es consciente y los uruguayos tienen cierta sensibilidad histórica contra el militarismo. Y la coyuntura de Cuba es totalmente distinta: Fidel Castro murió y el país tiene que buscar salidas porque es una economía incapaz de darle a su población el bienestar mínimo.

-Nadie pone la cabeza para que se la corten. Lo que la oposición le ofrece al chavismo es “te voy a colgar de un poste”.

-Hay un chavismo que ya está añorando un cambio. Y hay dirigentes para los cuales tienen que haber negociaciones concretas. Pongo ejemplos: cuando el nazismo pierde, una alternativa para los aliados era cortar cabezas, y otra era juzgar a los jefes, y optaron por este segundo camino. Algo parecido ocurrió el Polonia después del comunismo, y en Alemania Oriental lo mismo. Lo que dice San Pablo es verdad: no devuelvas mal por mal, sino transforma el mal con el bien, y en esa coyuntura está Venezuela en este momento.

-¿Cómo hacerlo?

-Venezuela no está para andar contando agravios, “si este fue chavista, si este me insultó”, sino para “vamos a construir juntos”. Para los delincuentes están los tribunales. Esto lo hicieron en España también: no fue del todo borrón y cuenta nueva, pero ni los unos ni los otros quisieron volver al pasado, porque todo el mundo tiene dolientes, todo el mundo tiene muertos.

-¿Ve la transición española como modelo para Venezuela?

-El espíritu tiene que ser ese. Buscar cómo los venezolanos podemos sumar. Tenemos que lograr todos los venezolanos empujando en la misma dirección.

-¿Qué hacemos con nuestra sociedad? Hay bachaqueros, revendedores…

-Hay un envilecimiento, pero creo que eso es regenerable. Si usted suma a todos los bachaqueros a lo mejor son 50 mil, pero nosotros somos 30 millones. En el momento en que abras la posibilidad de que siendo honesto se puede vivir mejor, será diferente. Pero si para sobrevivir tienes que ser deshonesto, eso es terrible.

-¿El Papa puede hacer más de lo que ha hecho?

-Conozco al Papa, somos amigos, pero no es bueno que el país espere un milagro desde fuera. Así como no es bueno que la sociedad civil diga “a ver quién es el Capriles o el Borges que me va a resolver”. Es toda la sociedad la que debe actuar. En enero del año pasado para el gobierno era mucho más fácil intentar un cambio. Ahora es una tragedia espantosa. Eso de ganar tiempo… no, están perdiendo el tiempo. El tiempo juega en contra.

-¿El tiempo está jugando en contra del gobierno?

-El tiempo está jugando muy en contra del gobierno. Se equivocan cuando dicen que están ganando tiempo. El gobierno está perdiendo tiempo.

Titulares Apunto con Juan Carlos Fernández

Frase del día: La Constitución es la jaula que encierra la fiera del poder.                   Georg Jellinek Titulares Apunto con Juan...